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domingo, 9 de junio de 2013

Ligeros de equipaje

La ciudad ha salido definitivamente al encuentro de la luz. 
 Se afana presurosa por adarves, callejuelas y plazas, buscando 
aromas que hacen presentir lo inevitable. 
 Dios ha bajado de los altares y se ha dejado besar por Sevilla.
Ha tomado de las manos a su Madre, descendiéndola de cielos y 
nervaduras, para ser admirada de cerca por su gente. Las carnes 
pétreas de iglesias y capillas, se han tatuado los heraldos 
coloristas de quinarios y triduos, en las jambas de sus puertas.

 Donde limita el Sur, la Cuaresma es período de sobria reflexión, aquí,
donde habita María, esos cuarenta días son los de la cuenta atrás y 
se enredan entre el cartón del capirote, el esparto y la sarga, el ruan y
el merino, el incienso y la plata, el costal y la cera, el azahar y el oro, 
el llanto de la Virgen y la Sangre de Cristo. 

Inquietudes gozosas que transitan Sevilla y presencia de ausencias 
ante lo que no está. 
Lo escribió Montesinos “hoy la memoria escoge el camino más corto
para herirme”. 
Sus nombres están eternamente unidos a San Roque, la Estrella, 
el Santo Entierro, San Bernardo, la Sed, el Gran Poder, la Soledad 
de San Buenaventura, los Gitanos y San Benito. Entre las últimas 
“chicotás” que dio el 2009 y las primeras que lleva dadas este 2010, 
hemos despedido a grandes hombres de nuestra ciudad y de 
sus tradiciones. 
Los cielos de Sevilla, tienen a tres artistas más esta Semana Santa. 
 En tertulia estarán a buen seguro Manolo Calvo y sus exquisitas 
maneras en el arte del dorado, Antonio Martín y su genuina expresión 
barroca sobre la talla y Manuel Domínguez, orfebre, imaginero y 
escultor, un hombre sencillo y un artista formidable, último de
los discípulos del mítico Cayetano González.

Un eterno fiscal de Cruz de Guía consultará sus horarios con
la sabiduría que dan los años y la entrega perpetua a su Hermandad, seguramente Pepe Sánchez Dubé tendrá que contarle muchas cosas 
a Dani Jiménez Quirós, que ya conocerá como es el rostro de su Cristo Yacente de cerca. 
 Dos periodistas, uno abogado y el otro sacerdote, repasarán las 
anécdotas que les llevaron a cada uno de ellos a ejercer nuestra 
hermosa profesión, no sería de extrañar que a la tertulia entre 
José Manuel del Castillo y el Padre José María Javierre, se 
sumasen el recordado Carlos Slatter, el querido Agustín Hepburt, 
el maestro Bará junto al añorado Filiberto.

Cuántas cosas no se habrán contado Antonio Lorente, hermano 
número uno de los Gitanos y el Padre Álvarez Allende, 
qué recuerdos no habrán compartido de otros tiempos, de otra 
Sevilla, de otra Semana Santa que la vida se llevó. 
 Alguien me dijo una vez, que mientras hablemos de los que 
se marcharon un día siempre estarán con nosotros y es cierto, así es.  

 El balcón de la gloria está sin duda más repleto que nunca de 
buen paladar cofrade, en el anidará seguro “el pájaro morado 
que surca los cielos de Sevilla”.

Siempre igual, siempre distinta. 

La Semana Santa regresará a nuestros sentidos 
inundándolo todo, devolviéndonos las presencias de esas 
ausencias que duelen y horadan el alma. 
 Se presentará casi por sorpresa, sin presentirla pese a 
ser esperada y deseada.
 Se marchará deprisa, con andares sinuosos, grabando a 
fuego y cera las calles de la urbe, como en un hermoso escrito
 de amor.
 No se apresuren, sientan las vísperas correr por sus pulsos, que
 todo está por llegar.  
         
Fragmento del artículo "Lo que no está...las ausencias"
Revista Pasión en Sevilla
Diario ABC
Cuaresma de 2012
Irene Gallardo 



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